lunes, 11 de enero de 2010

ILLUS: Señores que hacen monigotes



Bravísimo Carlos Salas.
Para los que no pudieron leer ayer en MERCADOS la columna ’Agítese antes de usar'.
Carlos Salas, periodista total.




AGÍTESE ANTES DE LEER

Esos señores que hacen monigotes

CARLOS SALAS

Durante mucho tiempo sostuve la hipótesis de que en España surgían grandes dibujantes porque los profesores de escuela eran somníferos, y, para aguantar sus clases, los estudiantes se dedicaban a hacer monigotes. En mi clase había grandes talentos. Yo no pasé de trazar cubos y paralelepípedos.
Seguimos siendo una mina de talentos. En los últimos 20 años, un montón de dibujantes españoles ha encontrado trabajo en las grandes editoriales extranjeras. Angel Unzueta en Marvel haciendo cómics de Lobezno o X-Force; Pasqual Ferry dibujando La Patrulla X y Supermán; Alfonso Azpiri trabajando para Heavy Metal, o Jordi Bernet con historias de Batman para DC Comics.
Hace poco me acerqué a Expocómic y pregunté a Unzueta y Ferry cómo trataba este país a su arte. Pusieron el ejemplo del cine, que recibía muchas ayudas a pesar de los fracasos comerciales. En cambio, los dibujantes de cómics tienen mucho más público y más éxito. «Pero casi nadie nos hace caso», concluyeron.
La idea que se tiene en España del cómic es que es un arte menor o ni siquiera eso. El escritor Vicente Molina Foix afirmó hace poco que encontraba más sensibilidad en los coleccionistas de sellos que en los amantes de las tiras cómicas. El artículo incendió a los amantes de los tebeos, y respondieron -con razón- que España es una de las mayores potencias del mundo en dibujantes. El problema es que les pasa lo mismo que a nuestros científicos: para ganarse las lentejas tienen que salir de este país.
Según un estudio encargado por el Ministerio de Cultura, el cómic en España mueve 83 millones de euros (www.mcu.es/libro/docs/MC/CD/Comic.doc ). Nada que ver con los 138 millones de euros de 1999. O les ayudamos, o acabarán en otro país. Por eso, hace tres años, el Ministerio de Cultura decidió crear un Premio Nacional del Cómic para mostrar la sensibilidad política con los ilustradores, y éstos quedaron estupefactos pues era la primera vez que alguien de allí arriba les hacía caso. «Puede suponer un punto de inflexión para que mucha gente empiece a plantearse vivir de verdad de su arte sin tener que emigrar», decía la página web www.actualidadcomic.com. Sin embargo, Molina Foix criticó el galardón por poner a la misma altura a un «dibujante de monigotes» y a un novelista.
En realidad, el debate no debería ser si los tebeos son el noveno arte o el decimoséptimo, sino si hay que convertirlos en una industria. Me explico. Hasta que llegó Ferrá Adria con su tortilla nitrogenada, la imagen mundial de la restauración española era paellas and sangría. Ahora, los españoles están considerados como los mejores chefs del mundo, y hasta un hotel de mala muerte cuenta con un chef que prepara un menú de «transparencias de cuadrúpedo con frutos de Castilla, bajo lluvia de Jaén»; o sea, pantumaca. ¿Han viajado ustedes recientemente a Londres, Nueva York o Berlín? Entonces habrán visto cómo proliferan los Tapas-Bar, que vendrían a ser las pizzerías españolas. Bravo.
Los tebeos y todo lo que hay alrededor de ellos también se debería convertir en una industria porque ahí hay una mina de oro. ¿Una industria? El ex primer ministro japonés Taro Aso anunció en abril del año pasado que el manga y el anime, que es como llaman allí a los tebeos, iban a entrar en el plan de estímulo a la economía nipona porque «esos contenidos llaman la atención de los consumidores mundiales». Soñó con un mercado de 200.000 a 300.000 millones de dólares para 2020, lo que supondría crear 500.000 nuevos empleos.
Para levantar algo similar en España habría que declarar al cómic industria de interés general. La Generalitat de Cataluña ha lanzado otro premio, pero sumados todos los galardones que hay en España, aún es poco comparado con otras artes de dudosa rentabilidad. Y eso que es más barato ayudar a mil ilustradores que producir una película.
Los comics además están atravesando su propia metamorfosis tecnológica. Marvel Comics ha abierto una página en internet donde, por un precio modesto, se pueden leer los cómics con un nivel de perfección que el papel no es capaz de imitar. Es lógico. La pantalla de un ordenador puede producir millones de colores, pero una rotativa aún está en la edad de piedra.
Esto supone dar un paso hacia otro mercado: el de los lectores electrónicos. Estos aparatos, del tamaño de un libro, son pantallas a través de las cuales se pueden leer libros. Pero las próximas generaciones de lectores electrónicos se presentarán con pantallas más grandes y con millones de colores, algo en lo que se tendrán que fijar las editoriales españolas de comics como Planeta, Astiberri o Panini.
Uno de los géneros que encajaría con la nueva tecnología es la novela gráfica, que es un cómic largo, con tantas páginas como un libro. Por ejemplo, los creadores de 11-M (Gálvez, Guiral, Mundet y González), no se limitaron a crear el argumento después de una noche de botellón, sino que se pusieron a investigar el atentado terrorista como lo hubieran hecho un equipo de periodistas: entrevistaron a los protagonistas, a las víctimas, estudiaron los periódicos y al final compusieron un docu-có
mic que eriza los pelos.
Pero no nos limitemos al papel. Estrenos como la película Planet 51 deberían servir para convencerse de que aquí se puede conquistar el mercado mundial. Quienes están detrás de esas maravillas digitales son ilustradores. Hay un montón de artistas españoles trabajando ya para Pixar, DreamWorks y Disney.
Los que aún continúan viendo las tiras cómicas como algo gracioso y nada más que gracioso deberían saber que cuando se lee un periódico hay tres secciones que no fallan: la portada, la página de televisión y el chiste del dibujante. Y esos chistes de Ricardo, Forges o Mingote determinan muchas veces la opinión de millones de personas ante hechos políticos, sociales o económicos.
Aunque duela: «esos señores que hacen monigotes» tienen más carga de profundidad que «esos señores que teclean garabatos».
carsalas21@gmail.com
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